Tomarme el café: la culpa por disfrutar | Reflexión de septiembre 2026
Actualizado: 1 oct
Pequeños pensamientos que me propuse cambiar este mes.

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Culpa por disfrutar: aprender a simplemente tomarme el café
Este mes toqué muchas puertas, y la mayoría se quedaron cerradas. En el pasado, esto me hubiera decepcionado, incluso hubiera sido motivo suficiente para rendirme. Pero esta vez no. Sin embargo, sigue existiendo un patrón que me paraliza y me impide disfrutar de mí misma y de la vida. Y es que, si no presento resultados tangibles, entonces no merezco disfrutar.
En septiembre intenté cambiar eso. Porque aunque muchas puertas no se abrieron, hay otras que sí lo hicieron, casi sin tocarlas. La verdad es que soy bastante buena manifestando, o al menos eso creo. Y sin embargo, cuando se me cumple un deseo, muchas veces no sé cómo sostenerlo, cómo apreciarlo. Y no me malentiendas, aprecio cada sorbo de café; tomo cientos de fotos del cielo (porque vivir en la playa significa que el cielo se convierte en una pintura todos los días); salgo a caminar, y agradezco todos los días lo que tengo. Aun así, en el fondo, hay culpa. Una culpa por disfrutar que se sienta en silencio en una esquina oscura. Creo que cada día aprendo un poco más a reconocerla sin dejar que tome el mando.
La culpa por disfrutar no hace una pregunta justa
No pregunta "¿trabajaste por esto?". Pregunta "¿sufriste lo suficiente para merecer esto?". Y esas no son la misma pregunta. En algún punto del camino aprendí que la facilidad era sospechosa, que la comodidad había que ganarla a base de lucha, y que si la vida se veía bien sin un esfuerzo visible, de esos que duelen, entonces no tenía derecho a disfrutarla.

Hace unas semanas me topé con un término que lo describía casi palabra por palabra: autoestima contingente. Las psicólogas Jennifer Crocker y Connie Wolfe la describen como un valor propio que depende de cumplir ciertas condiciones, como el logro, la aprobación o la productividad, y que por eso sube y baja con cada éxito o fracaso (Crocker y Wolfe, 2001). Me reconocí de inmediato. Durante mucho tiempo, mi valor dependía de cuántas puertas se abrían.
Pero estoy empezando a entender que el valor propio no es algo que se gana a punta de dificultad. Es algo que ya llevamos con nosotros. Lo que llega no necesita justificarse. Algunas mañanas todavía me descubro haciendo cuentas: cuántas puertas toqué para merecer este café, esta vista, esta suavidad.
Y algunas mañanas, estoy aprendiendo simplemente a tomarme el café.

REFERENCIAS
Crocker, J., & Wolfe, C. T. (2001). Contingencies of self-worth. Psychological Review, 108(3), 593–623. https://doi.org/10.1037/0033-295X.108.3.593



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