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Querido Peter | julio 2026: reflexión del mes

  • 1 ago
  • 4 min de lectura

La carta que le escribí a mi ego.

Querido Peter…… ahí fue a dar mi pluma este último día de julio, mientras hacía mi journaling matutino. Fue bastante extraño, porque normalmente me obligo a escribir al menos una página y media, y sin embargo hoy me estaba costando trabajo. Solo escribía pensamientos sueltos. Recordando lo que había hecho durante la semana. Y entonces surgió una pregunta:

¿De qué tienes miedo?


Llegó porque estaba recordando lo fácil que solía ser para mí divertirme. Estar presente. Simplemente ser. Y ahora, no logro encontrarme haciendo eso. Sigo derribando cada pensamiento, cada idea, cada situación que cruza por mi mente: ¿de dónde vino esto? ¿Por qué lo pensé en primer lugar? ¿Esto lo pensé yo misma? ¿O lo he estado repitiendo como perico porque lo aprendí en otro lado? La cuestión es que, durante los últimos años, atravesé una transición que me transformó hasta la médula. Me alejé de dos relaciones definidas por un patrón que hoy reconozco con claridad: la necesidad constante de tener la razón, de ser admirados, de ir siempre primero, sin importar el costo para quienes los rodean. Reconocer ese patrón significó reconocer que ya no podía quedarme. Y aunque estoy verdaderamente segura de que hoy vivo en mi versión más auténtica, me he dado cuenta de que perdí algo importante en el camino. Mi voluntad, mi fuerza motora para estar en la cima de la cima. Y escribí que quizás es porque herí a mi ego. Así que decidí escribirle una carta y le puse de nombre Peter.


QUERIDO PETER

Querido Peter, sé que sientes que me rendí. Que debí haber peleado. Que después de todo lo que pasamos, debí haberlos enfrentado, porque no hay nadie más en el mundo que se les hubiera plantado en alto excepto yo. Pero por suerte, encontré un camino distinto. Un camino que nos iba a proteger, y que eventualmente nos haría mejores. Y para lograrlo, te enjaulé. Y desde entonces, has estado rugiendo, créeme que te he escuchado. Y la cosa es que, a pesar de que la pelea terminó hace ya un tiempo, no te he dejado salir. La cosa es, Peter, creo que te pareces mucho a ellos. Quizás por eso te puse ese nombre en primer lugar. En honor a un hombre. Porque te pareces a aquellos contra quienes tuve que luchar. Puro fuego. No hay nada de malo en el fuego. Pero si se deja sin control, lo quema todo. Ciertamente nos quemó a nosotros. Pero después de años de esa quemazón, puedo decir con certeza y confianza que fue necesario, porque hoy estamos en un lugar mucho mejor. Así que hoy, Peter, voy a ser honesta: te tengo miedo. Porque me metiste en problemas. Pero te necesito, porque me estoy ahogando. Porque ahora sé que, si vamos a llegar a donde queremos llegar, tenemos que trabajar juntos. Tenemos que fusionarnos. Necesito tu fuego para que me empuje hacia adelante. Para darme la voluntad que me ha estado faltando. Nos mantuvo a salvo, porque eso era lo que necesitábamos en ese momento. Pero ya no. Lo que sea que haga de aquí en adelante, quiero hacerlo con la certeza de que va a ser lo mejor, simplemente porque nos gusta ser los mejores, nos gusta ser los primeros, nos gusta ganar. Te he visto asomarte de vez en cuando, pero siempre te vuelvo a poner en tu lugar, encerrado. Después de todo, la seguridad es bastante cómoda. Pero ya fue suficiente. Vamos a lograr las cosas. Sea cual sea el camino que tomemos, lo haremos juntos. Porque somos lo mismo.

LO QUE ENCONTRÉ DESPUÉS: JUNG Y LA SOMBRA

Después de esto, hice una pequeña investigación y encontré cosas interesantes. Por ejemplo, el interés de Jung en la sombra. Jung explicaba que la sombra es esos rasgos de los que nos sentimos culpables y que solemos reprimir. Pero el origen de esa represión está en cómo percibimos las reacciones de otros hacia ella, no porque ese comportamiento fuera inherentemente malo, sino porque aprendimos a creer que lo era. Por eso es importante reconocerla e incorporarla (The SAP, Society of Analytical Psychology, 2026). De forma similar, en Internal Family Systems (Sistemas de la Familia Interna) existe esta visión donde hay partes de nosotros mismos que pueden ser exiliadas o protectoras. Y muchas veces, se originaron como reacciones o emociones intensas que surgieron en experiencias traumáticas, y que después escondimos o convertimos en mecanismos de defensa (Buys, 2025).

Libreta y pluma en balcon en frente del mar.
Journaling por la mañana de mis pensamientos intrusivos

UNA INVITACIÓN

Yo, más que nadie, entiendo lo incómodo que puede ser esto, pero no puedo evitar afirmar que en mis relaciones cercanas, sin importar su naturaleza, todos han experimentado esto en algún grado. Quizás, incluso para ti que estás leyendo esto, esto te resuene. Así que lo que estoy tratando de decir es: si alguna vez te sentiste egoísta por querer más, si alguna vez te guardaste las cosas para no parecer malagradecida, si minimizas tus logros para no parecer presumida. Detente.

Nombra el sentimiento, escríbele una carta e incorpóralo.

Porque si se maneja con cuidado, las cosas que más nos asustan son las que nos llevarán más lejos.


REFERENCIAS

Buys, M. E. (2025). Exploring the evidence for Internal Family Systems therapy: a scoping review of current research, gaps, and future directions. Clinical Psychologist29(3), 241–260. https://doi.org/10.1080/13284207.2025.2533127


The SAP (Society of Analytical Psychology). (2026, February 25). The Jungian Shadow - Society of Analytical Psychology. The Society of Analytical Psychology. https://www.thesap.org.uk/articles-on-jungian-psychology-2/about-analysis-and-therapy/the-shadow/

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